Sexta (Buenos Aires, 15 de septiembre de 2026).- Rusia celebra elecciones parlamentarias del 18 al 20 de septiembre en un clima de guerra incierta, con surtidores vacíos, precios en alza y drones sobrevolando ciudades. El Kremlin busca conservar una mayoría amplia en la Duma Estatal, pero debe mostrar adhesión mientras se deteriora la vida cotidiana de los rusos, según un análisis de France 24.
Una victoria cantada pero sin entusiasmo
El partido oficialista Rusia Unida parte de 315 diputados, suficientes para modificar la Constitución sin aliados. Los institutos oficiales dan por segura su victoria, aunque discrepan sobre el tamaño: el Fondo de Opinión Pública proyecta entre el 47% y el 49% de los votos por lista, mientras que el centro estatal VTsIOM calcula entre el 51% y el 53%. La diferencia define si el partido mantiene con holgura su mayoría constitucional y si el resultado puede presentarse como otro respaldo nacional a Vladimir Putin.
Una campaña sin debate de fondo
La guerra, que ha reorganizado el presupuesto y la economía, apenas puede discutirse en público. Los cinco partidos con representación en la Duma apoyaron las leyes fundamentales del conflicto. La única formación que concurrió con el lema antibélico "Por la paz y la libertad", Yábloko, vio anulada su lista electoral y sufrió la expulsión de 16 de sus 135 candidatos a diez días de la votación, además de denunciar obstáculos en al menos 21 regiones. La discusión quedó reducida a problemas locales y ayudas sociales, con una cobertura televisiva varias veces menor que en 2021, según el proyecto Atlas de Elecciones.
El termómetro de la aprobación
La aprobación de Putin sigue siendo alta para los estándares occidentales: VTsIOM la situó el 11 de septiembre en 67,4% y la confianza en él, en 73,1%. Sin embargo, solo el 37,4% afirma que votaría por Rusia Unida, una distancia que revela el trabajo de la maquinaria oficial para movilizar a los fieles y fabricar participación desde arriba. El opositor Borís Nadezhdin, impedido de competir en 2024 y 2026, declaró a France 24 que para Putin "es muy valioso el resultado formal" y que en Rusia las elecciones son "un plebiscito sobre la confianza en Putin".
Lo que está en juego
Estos comicios no ofrecen alternancia, pero funcionan como una radiografía del consumo interno y de la capacidad de cada gobernador para reunir votos. Un mal resultado revelaría que mantener la apariencia plebiscitaria del poder exige cada vez más presión. Para el lector argentino, el desenlace importa porque Rusia es un actor clave en el mercado global de energía y granos, y porque la guerra continúa afectando los precios internacionales de los combustibles y los alimentos.




