Sexta (Buenos Aires, 13 de septiembre de 2026).- Los rebeldes hutíes de Yemen, conocidos como Ansar Allah, avanzaron en los últimos días hacia el sur y se apoderaron parcialmente del estratégico estrecho de Bab el-Mandeb, una vía clave para el comercio internacional. El grupo, de la minoría zaidí, controla la capital Saná y buena parte de las zonas más pobladas del país.
Origen y consolidación de Ansar Allah
El movimiento surgió en la década de 1990 en el norte empobrecido de Yemen, en respuesta a lo que denunciaba como discriminación sectaria contra los zaidíes, una rama del islam chií minoritaria en un país mayoritariamente suní. Su nombre remite a Badreddin al-Houthi, su fallecido guía espiritual, y a su hijo Hussein al-Houthi, abatido por fuerzas gubernamentales en 2004. Desde entonces, el liderazgo pasó a su hermano Abdul-Malik al-Houthi, aunque el movimiento se volvió más descentralizado.
La organización dispone de decenas de miles de combatientes entrenados, persistentes y habituados al terreno montañoso yemení. Aunque el Gobierno reconocido internacionalmente conserva una extensión territorial mayor, los hutíes dominan las áreas donde vive la mayor parte de la población. Su arsenal de misiles y drones amplió el alcance de esa fuerza y les permitió atacar a los países petroleros del Golfo y alcanzar también a Israel tras el inicio de la guerra de Gaza.
Enfrentamientos y alianzas regionales
El enfrentamiento con el Estado yemení se prolongó durante años. Entre 2004 y 2010, los hutíes libraron seis guerras contra el Gobierno que entonces dirigía el país. También combatieron contra Arabia Saudita entre 2009 y 2010, después de cruzar la frontera por la fuerza. Aquellos choques anticiparon una rivalidad que luego se trasladó a una escala regional. En 2014, la toma de Saná fue su avance decisivo: desencadenó la intervención encabezada por Arabia Saudí en marzo de 2015 y dio paso a una guerra civil que dejó cientos de miles de muertos y una crisis humanitaria masiva.
Los hutíes integran el “Eje de la Resistencia”, liderado por Teherán, en el que también figuran Hezbollah en Líbano, Hamás en Gaza y facciones armadas iraquíes. Arabia Saudita y Estados Unidos sostuvieron durante años que los rebeldes son una “herramienta” iraní y acusaron a Teherán de suministrarles armas, una acusación que Irán había rechazado. La relación no replica por completo el modelo de Hezbollah: los hutíes no consideran que el líder supremo iraní sea su máxima autoridad religiosa o política, aunque dependen de ese respaldo para obtener apoyo militar y conservan un margen de autonomía.
La disputa por Bab el-Mandeb y el bloqueo saudí
El Mar Rojo y el estrecho de Bab el-Mandeb son una vía central para el comercio internacional. En 2024, los hutíes iniciaron ataques contra barcos en el Mar Rojo que, según afirmaban, mantenían vínculos con Israel, en apoyo a los palestinos durante la guerra de Gaza. Esa ofensiva obligó a numerosas empresas navieras a rodear el extremo sur de África, evitando la ruta que conecta Europa y Asia a través del Canal de Suez. En marzo, el movimiento volvió a reivindicar ataques con drones y misiles contra Israel, aunque no causaron daños significativos.
En julio, los hutíes anunciaron un bloqueo marítimo contra Arabia Saudita y desde entonces atacaron en repetidas ocasiones a barcos saudíes en el Mar Rojo. El 3 de septiembre, poco después de la reanudación de los choques con las fuerzas gubernamentales yemeníes, lanzaron una ofensiva centrada en Bab el-Mandeb. Una semana más tarde, se habían apoderado de parte de la costa yemení del Mar Rojo y de islas estratégicas situadas en el estrecho y sus alrededores. La operación reforzó su control sobre la navegación y su capacidad para golpear a los petroleros saudíes. (Con información de AFP)




