Sexta (Buenos Aires, 10 de septiembre de 2026).- A 25 años de los atentados del 11S, Al Qaeda perdió poder de fuego e influencia global, pero sobrevive mediante filiales en países de África y Medio Oriente. La muerte de Osama Bin Laden y de su sucesor, Ayman al-Zawahiri, dejó a la organización sin un liderazgo indiscutido.
Del Califato a la descentralización: el avance del Estado Islámico
La irrupción del Estado Islámico opacó la centralidad de Al Qaeda en el universo yihadista. Ese grupo creó un Califato en amplias regiones de Siria e Irak a mediados de la década pasada, con degüellos transmitidos en vivo y ofensivas terrestres. Aunque fue derrotado en el terreno en 2019, su brutalidad marcó una nueva etapa del terrorismo islámico y desplazó a la red fundada por Bin Laden del centro de la escena.
La caída de los líderes y el nuevo jefe bajo sospecha
Bin Laden fue abatido el 2 de mayo de 2011 en Abbottabad, Pakistán, por una acción militar estadounidense. Su heredero, Ayman al-Zawahiri, considerado el cerebro de los atentados a las Torres Gemelas, murió el 1 de agosto de 2022 en un ataque con drones de la CIA en Kabul, Afganistán. Según informes de inteligencia, el nuevo líder es Saif al-Adel, un veterano egipcio que se movería en algún lugar de Irán.
Una estructura fragmentada que prioriza el control territorial
El analista internacional Federico Gaón afirmó que la muerte de al-Zawahiri inauguró un período opaco y sin un jefe indiscutido. Al Qaeda mantiene relevancia a través de sus filiales en el Sahel, Somalia y Yemen. La organización mutó hacia el pragmatismo: ya no busca atentados espectaculares en Occidente, sino aprovechar conflictos locales para controlar territorios, cobrar impuestos e infiltrarse en poderes centrales.
El temor a células dormidas y la guerra de Irán
El analista Jairo Lugo Ocando, decano de la Facultad de Comunicación de la Universidad de Sharjah, sostuvo que Al Qaeda está muy disminuida y ya no tiene una estructura internacional como antes. Advirtió que la guerra de Irán podría activar células dormidas en territorios occidentales. Para Gaón, las probabilidades de un atentado a gran escala son menores por la preparación de los servicios de inteligencia de Estados Unidos y Europa.




