El contexto del malestar en los bonos
La promesa de una paz inminente con Irán había calmado la ansiedad de la curva de rendimientos. Sin embargo, al no concretarse el acuerdo, el barril de Brent volvió a superar los 90 dólares y las tasas largas comenzaron a trepar. La tasa del bono a 30 años llegó a tocar 5,33%, el nivel más alto en 25 años. La intervención de Bessent busca evitar una convulsión mayor.
Según la información publicada por Ámbito, la irritación de los bonos escaló a fuego lento, y el secretario intervino antes de que explotara el berrinche. No se produjo un "taper tantrum" como en 2013, pero el mercado mostró signos de tensión creciente. La recompra anunciada es de 14 mil millones de dólares, una cifra menor frente a los 32 billones de deuda en manos del público, pero constituye una señal importante para los inversores.
La estrategia de Bessent y sus efectos
Bessent, quien supo ser un "bond vigilante" en el sector privado, aplicó una estrategia similar a la de su antecesora Janet Yellen, pero con mayor intensidad. Aumentó la proporción de letras del Tesoro en la deuda total, que pasó de 10-15% hace diez años a 22% hoy. Esto permitió absorber el déficit fiscal sin generar presión en las tasas largas. Además, incrementó las recompras regulares de deuda que Yellen había reintroducido en 2024.
Sin embargo, la guerra en Irán, que comenzó el 27 de febrero, estropeó el andamiaje. La tasa de diez años, que había tocado un mínimo de 3,93% en marzo, subió a 4,75% en agosto. También contribuyó el gasto en inteligencia artificial, que llevó a empresas como Alphabet a emitir deuda a largo plazo, incluyendo un bono centenario. La Reserva Federal, liderada por Kevin Warsh, se abstuvo de subir las tasas de interés, lo que recargó la presión sobre los bonos largos.
Perspectivas a futuro
El fracaso del acuerdo con Irán podría llevar el petróleo por encima de los 100 dólares, lo que revertiría la mejora inflacionaria de junio y julio. La reunión de la Fed en septiembre será clave, ya que Trump confía en Warsh, pero no está claro si mantendrá el apoyo de la mayoría. La pregunta es si Bessent tendrá éxito en su intervención o si el mercado le doblará el brazo.
Bessent confía en su bagaje de herramientas, pero el contexto es complejo. Las expectativas de inflación a mediano plazo no cambiaron, aunque las tasas nominales subieron por las tasas reales. La intervención actual es un intento de quitar la picazón sin remediar los problemas de fondo, como el déficit y la deuda. El tiempo dirá si su estrategia funciona.




