Los shocks que complicaron la baja de precios
En el primer semestre, dos shocks de oferta dificultaron perforar el piso del 2% mensual. El primero fue el fuerte aumento de la carne, que impactó en los alimentos con un salto cercano al 20% entre enero y marzo. El segundo fue el shock energético derivado del conflicto en Medio Oriente, que elevó los combustibles más de 20% entre febrero y abril. Frente a ello, el Banco Central mantuvo una política prudente: absorbió los pesos emitidos mediante compras de dólares del Tesoro y licitaciones de deuda con renovación superior al 100%.
La intervención creciente y sus costos
Para sostener el techo, la autoridad monetaria intensificó su participación en el mercado de futuros y amplió la cobertura cambiaria mediante títulos atados al dólar y bonos duales. Según estimaciones privadas, el resguardo ofrecido por el sector público trepó de 3.200 millones de dólares en mayo a cerca de 12.500 millones en agosto. Esa cobertura revela una demanda genuina de dolarización, pero también generó mayor volatilidad en las tasas de interés, ya que los inversores venden títulos en pesos para adquirir cobertura, lo que eleva sus rendimientos.
La composición de la inflación y la apreciación cambiaria
En los primeros siete meses, los servicios promediaron una inflación del 3,2% mensual, afectados por las tarifas públicas, mientras que los bienes subieron 2,7%. Con el dólar contenido se busca que los bienes se aproximen al 1% mensual y que arrastren a la inflación general por debajo del 2%. Sin embargo, la apreciación cambiaria ya es considerable: el nivel actual se acerca al de fines de 2017, en torno a los 1.531 pesos, justo antes de las turbulencias cambiarias de ese período, lo que genera tensiones para la competitividad de las pymes.




