Sexta (Buenos Aires, 1 de julio de 2026).- Mientras la atención global se centra en el Mundial de Fútbol 2026, el sur de Estados Unidos enfrenta una creciente crisis de salud pública caracterizada por la inseguridad alimentaria y una alarmante paradoja de obesidad.
El estado de Arkansas registra la mayor tasa de hambre e inseguridad alimentaria del país, al tiempo que aumentan los índices de obesidad debido a la mala nutrición. Esto se basa en el consumo de alimentos ultraprocesados que se consiguen a precios bajos en los supermercados, generando un ciclo de problemas de salud. Cerca de 700.000 arkansinos, un 30 % de la población adulta del estado, padecen de inseguridad alimentaria.
Recortes federales y la expansión de los desiertos de comida
Robert y su esposa, un matrimonio de sexagenarios en Perryville, Arkansas, acuden a un banco de alimentos para aliviar la escasez. La directora de Partners for Progress les asiste con productos frescos como maíz, cebollas y pimientos, además de artículos básicos. Este banco atiende a unas 200 familias cada mes, gracias a donaciones de ciudadanos, iglesias locales y organizaciones sin ánimo de lucro.
Sin embargo, la ayuda económica del Gobierno de Estados Unidos sufrió un recorte del 17 % debido a la política de austeridad de la segunda Administración de Donald Trump. Tras la entrada en vigor de la ley tributaria y de gasto impulsada por Trump, cerca de 5 millones de estadounidenses dejaron de percibir ayudas del programa federal de asistencia alimentaria, afectando a estados como Arkansas, Mississippi y Texas, todos al sur del país.
La paradoja de la obesidad como efecto del hambre
A lo largo de las carreteras de Arkansas, se observan los ‘Dollar General’, tiendas de conveniencia con descuentos que funcionan como minimercados. Más allá de estos, los habitantes rurales no logran encontrar a distancias cortas mercados de alimentos frescos. La Alianza para Aliviar el Hambre de Arkansas denominó a estas zonas como ‘desiertos de comida’, donde es difícil hallar comida baja en sodio o libre de gluten en un radio de 15 millas.
Según Alex Hendrickson, gerente del Programa de Sistemas Alimentarios de la Alianza, Arkansas ocupa el primer lugar en inseguridad alimentaria y está entre los cinco primeros en obesidad. La Universidad de Arkansas indica que las tasas de obesidad exceden el 45 % en la población rural del estado, representando un grave problema de salud pública. La obesidad, definida por los Centros para el Control y Prevención de Enfermedades con un Índice de Masa Corporal (IMC) superior a 30 puntos, conduce a enfermedades como infartos, accidentes cerebrovasculares y diabetes.
Hendrickson advierte que la falta de alimentos nutritivos lleva a hábitos alimenticios poco saludables, ya que las opciones disponibles suelen ser de comida rápida, fácil de conseguir pero no nutritiva ni saciante. Esta contradicción pone de manifiesto que la ausencia de acceso a alimentos frescos es un factor determinante en el aumento de la obesidad.
Alternativas y desafíos para productores locales
La Alianza para Aliviar el Hambre de Arkansas, en asociación con Heifer International y otras ONG, busca producir alimentos frescos y ricos en nutrientes para abastecer bancos locales como Partners for Progress. Su objetivo es ayudar a quienes padecen hambre o mala nutrición, sin afectar negativamente la producción de pequeños agricultores del estado, quienes batallan por abrirse paso en el mercado dominado por grandes industrias.
Johnny Moore, un productor de carne de cerdo en Little Rock, Arkansas, vende su producción en un mercado de agricultores locales. Gracias a iniciativas como las de Heifer International, los productores reciben capacitación en técnicas de agricultura regenerativa. Esto les permite producir más comida de calidad de forma sostenible, combatiendo el hambre y la pobreza.
Johnny explicó que el 92 % del sector agrícola del país está compuesto por pequeños agricultores. Para ellos, el reto es educar a la población sobre la importancia de comprar alimentos locales, que suelen ser más saludables pero también más costosos que los productos de grandes supermercados. Esto limita el acceso a alimentos nutritivos para las personas en situación de pobreza, quienes más sufren la emergencia silenciosa del hambre estadounidense.




