Un cambio en la lógica comercial
La venta telefónica se basaba en el volumen: llamar cuesta poco, mientras que una venta puede generar cientos de euros. Con la nueva norma, los consumidores deberán aceptar ser contactados, lo que obliga a las empresas a modificar sus estrategias y priorizar la calidad de los datos sobre la cantidad de llamadas.
Industria en el exterior
El sector está externalizado en países como Marruecos, Madagascar, Túnez o Senegal, donde los costes salariales son menores. En Marruecos, los centros de llamadas dan empleo a miles de jóvenes, y sus autoridades ya trabajan en un plan para mitigar el impacto económico, aunque la reforma francesa sigue de cerca.
El valor de los datos
Los datos de los clientes son el activo principal de estas empresas, pero sin consentimiento pierden valor. Ahora, quienes completan un formulario o solicitan ser contactados se convierten en clientes más valiosos. Las empresas deberán convencer antes de llamar, trasladando el valor económico hacia la obtención de permisos explícitos.




