Sexta (Buenos Aires, 24 de septiembre de 2026).- La administración de Donald Trump deportó a 25.427 ciudadanos de terceros países entre enero de 2025 y agosto de 2026, y casi 20.000 de ellos, cerca del 80%, fueron enviados a México, según una investigación de Forbidden Stories publicada por France 24 y Radio France International (RFI).
El trabajo periodístico, difundido en simultáneo por ambos medios, precisó que los deportados terminaron en los estados mexicanos de Chiapas y Tabasco, sobre la frontera con Guatemala, en un limbo migratorio que les impide formalizar su estatus legal o recibir asilo.
Un mecanismo de expulsión a terceros países
Los cronistas de Forbidden Stories viajaron a Villahermosa y Palenque para entrevistar a las personas afectadas por esta política. Según los testimonios recogidos, los traslados en autobús desde Estados Unidos duraron más de 30 horas, con escasez de agua y alimentos, y en varios casos con personas encadenadas durante largos períodos sin saber cuál sería su destino final.
Denuncias por el derecho a pedir asilo
La mayoría de los entrevistados sostuvo que no tuvo oportunidad de manifestar el miedo a persecución o amenazas que enfrentaría al regresar a su país de origen o a cualquier otro, lo que vulnera un principio básico del derecho internacional. Las fuentes consultadas por France 24 y RFI señalaron que esta práctica forma parte de los acuerdos para derivar migrantes a terceros países.
La historia de Lorenzo Sánchez
Entre los casos documentados está el de Lorenzo Sánchez, nacido en Guantánamo (Cuba), que llegó a Estados Unidos en el éxodo del Mariel en 1980. Detenido en Florida en junio de 2025 por consumir alcohol en la vía pública, fue enviado a un centro de detención, donde se topó con una orden de deportación pendiente desde 1991. En lugar de ser enviado a Cuba, le dijeron: "Te vas a México. Cuba no te quiere".
Tras tres días de viaje, Sánchez llegó a Villahermosa, donde Forbidden Stories lo encontró en mayo de 2026. Había pasado 150 días en el Albergue Amparito y llevaba al menos cinco meses viviendo en la calle, con dificultades para acceder a agua, comida y medicamentos. "Los perros viven mejor que nosotros, y comen todos los días", declaró.




